Mi encuentro con el modelo de consejería se remonta a una de las mayores crisis en mi vida. Me encontraba en un momento de gran incertidumbre ¿Qué debía hacer?, ¿Cuál sería  la  mejor decisión? En aquel momento experimentaba una enorme confusión interna. Dicen que cuando uno está confundido no debe tomar decisiones, así que, como en otras tantas veces en mi vida, busqué algún recurso de ayuda.

Me encontraba en otro país y con un presupuesto bastante limitado, así que decidí acercarme al Centro para Gente de Habla Hispana de Ottawa Canadá. Al llegar, me canalizaron con un consejero comunitario y grata fue mi sorpresa, al sentir el enorme interés que él mostraba por lo que me estaba ocurriendo: ¿Qué te trae por aquí?, ¿Cómo sucedió?, ¿Qué te hizo pensar?, ¿Cómo te hizo sentir? Mi consejero preguntaba y preguntaba. No evaluaba, ni interpretaba mis conductas, me preguntaba lo que me había llevado a actuar así. No saltaba a proponer soluciones, sino que, exploraba en mis emociones, en mis pensamientos y me hacía visualizar las opciones y analizar las posibles consecuencias de cada una de ellas.

Definitivamente, este método me hacía sentir cómodo, mi experiencia de vida estaba siendo validada y profundamente escuchada, principalmente por mí mismo. No había juicios. Me sentía cómodo y esto me daba claridad de pensamiento, estaba dejando de justificar mis acciones ante mí mismo y teniendo una visión más global de mi propia existencia y de mi problemática. Era justo lo que necesitaba. Otros procesos anteriores en mi vida tales como la psicoterapia, el psicoanálisis e incluso la psiquiatría con prescripción de antidepresivos o ansiolíticos, habían sido de enorme utilidad, incidiendo en los  cimientos de mi psique. Hoy, simplemente necesitaba un poco de comprensión. Este modelo me estaba ayudando, me permitía ir haciendo ajustes precisos que terminaban en cambios importantes, todo dentro de un marco de efectiva escucha activa. Este modelo me parecía fascinante por su simpleza y efectividad; lo estaba experimentando en carne propia.

Tiempo después me trasladé a Toronto donde me integré al Centro Comunitario Regent  Park. Ahí me dieron todo el apoyo para aprender el modelo de forma exhaustiva e invertí  valiosas horas en su práctica. Primero, como consejero voluntario y posteriormente, ya con un contrato, en el poblado de Hamilton Ontario. Poco después pensé en cómo mejorarlo y le incorporé el componente del análisis de temperamento. Y sólo hasta que me sentí totalmente listo, tomé la decisión de regresar a México. Estaba convencido de que todo el conocimiento y la experiencia acumulada, que había sido de tanta utilidad en mi estadía en Canadá, debían ser replicados en mi país.

A partir de ese momento y para siempre, mi vida, tanto personal como profesional, tomaba una nueva dirección.

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